Por: Gabriela García Ruiz
"Creo que nada es por gusto y todo tiene un inicio y un fin, lo infinito es soberbio"

miércoles, 2 de junio de 2010

En la oscuridad


La noche es perfecta, es fría y muy necia.
Me atrapa desde la cabeza, me toma de las manos y de mi no se aleja;
La noche y la luna juegan conmigo, ya no me dejan.
Siento la piel fría, los pies húmedos y la neblina densa.

Les pido que me suelte que la luna ya está llena,
y es entonces que solo a ella le regalo un guiño.
Tengo miedo, tengo frío.
¡Vamos luna, solo a ti te lo pido!
Déjame salir, que por las noches oscuras,
mi cerebro lo maquina todo en gris.
Mi cuerpo de color,
se alimenta del arco iris.
¡Tengo hambre, tengo frío, apenas respiro!
Déjame, déjame. No sé cuánto es que pueda ya resistir.

Triste es el tiempo.
El tiempo que ya se ha perdido, de nada vale,
de nada sirve andar repartiendo guiños.
La dulzura se ha ido, el juego ha dejado de tener sentido.
La noche y la luna juegan conmigo.

Me tienen en sus brazos, tan necias, tan malas,
y sonríen,
se ríen ambas, en la desgracia.

Me han consumido, se han burlado y del sol me han alejado.
Tengo el cuerpo gris, los ojos pálidos, el ceño fruncido
y no siento mis manos, no siento ya mis pies ni mis años.

Tengo en el pecho la sensación de llanto,
tengo en la cabeza una enmarañada sensación de no saber
quién soy.

Quiero buscarlo, quiero encontrarlo; pero aún no le encuentro respuesta
a este cruel acto. Qué le digo, qué le digo al sol, ese que por la mañana afuera me espera.
Nada puedo si de este lío aún no he salido.

La luna me mira y tiembla, la noche calla y se aleja.
La luna ahora mueve la cabeza y avergonzada quizás
intentar pensar en cómo pudo cegarse, en cómo pudo dañarme.

Falsas fueron sus promesas en las noches que yo la miraba atenta. Las noches que yo le decía que me quería parecer a ella. Por esos labios rojos, por esa mirada tierna.
La luna me vuelve a mirar y tiembla, la veo más blanca que nunca y me dice "atrás,anda y no voltees la cabeza"
La luna tiembla, la luna calla, la luna se aleja.

En la oscuridad ambas se quedan quietas, se miran y se alejan.
Son amigas, son deidades ante las estrellas que se quedan también mudas y perplejas.

A las estrellas: ¡que poco saben ellas!,
que poco saben de la oscuridad, poco o nada saben de los seres que hemos quedado grises, fríos, infelices.
Nosotros ya no brillamos, no caminamos, no tenemos en la penumbra ningún amparo.
¡Brillen, brillen felices! mientras puedan.
No teman, no se asusten, que la luna y la noche solo buscan a humanos de colores.
Colores que las arrebata y las enloquecen. Que las alimenta de furia y luego las enmudece.
Así es la envidia, así es la naturaleza.

"Nacida a colores, acabada en tonos grises.
Al sol con un grito desde el pecho le digo:¡espérame, espérame cariño!"












No hay comentarios:

Publicar un comentario