Por: Gabriela García Ruiz
"Creo que nada es por gusto y todo tiene un inicio y un fin, lo infinito es soberbio"

miércoles, 14 de julio de 2010

Laguna


Dentro del pantano, en medio de la oscuridad, no siento miedo. Tengo al menos una sonrisa, y es que recuerdo que ya van casi 4 años que te perdí de vista. No sé que será para ti, o que no llegó a ser; pero para mí es casi inolvidable no pensar en una laguna mental, que te arrastra y en la que tu reflejo me hace acordar de ti.

Tan pronto como te veo, te zambulles y las criaturas del fango no tardan en alejarte de mi vista nuevamente; es mi analogía para explicar porque cada semana me olvido del miedo y salgo por las noches a recorrer las lomas desgastadas de aquella ciudad fantasma que me rehúso a abandonar.

Pueden pasar por mí cuatro, cinco y hasta seis años; pueden pasar por esta ciudad todas las almas, pero no volverás a pasar tú. Te llevo en el recuerdo de un pantano, de una zona frondosa de plantas carnívoras, de una tierra húmeda y de una piedra que de nada se olvida. Será que pasó como la neblina, será que todo cambió de un modo nefasto. Será que no me pude aclimatar nunca, que me dio fiebre y me volví débil.

Sé que mi madre me busca porque me he llevado su linterna, pero no puede evitar que evada los días tenues como los de ahora, que pronto se acabarán en setiembre.

La estudiante sonámbula


Con pantys negras y un bolso de tela me veo pasar, mi reflejo me sorprende en cada vitrina que me toca mirar. No tengo frío, ni los pies cansados, y es que la noche es más tranquila cuando se quiere solo caminar. No tengo apuro, no tengo tiempo, no tengo lugar.

La noche se cierra y es egoísta, la oscuridad me desconoce y la niebla me tienta y me hace temblar. Hay criaturas feroces a las que por medio de versos conozco solamente, mi memoria es tremenda y me vuelca en un precipicio, en un agujero negro del que no podré escapar.

Las fieras me tientan a abrazarme del miedo y mis cuerdas vocales han dejado de chillar, no tengo la fuerza suficiente para enderezar los pies truncados por el largo impulso que me llega desde la cervical, mis pantorrillas son perezosas y mis rodillas crujen como el cristal que cae por gravedad. En pedacitos está mi corazón, el cual ahora late desmesuradamente, y es que la vida me consume sin pensar y el tiempo corre y corre y yo corro detrás. No llevo prenda de color siquiera para cegar al enemigo, solo espero que no atisbe mi plan. Pues tengo luciérnagas en el cerebro que alientan la sinapsis, tengo miedo como cualquiera pero sobre todo tengo voluntad.
Tengo miedo y tengo ferocidad; de pie o en cuclillas soy tremenda y egoísta. La noche que me quiere quitar del camino, la noche que por insolente me envía a las bestias de la oscuridad, esa tía que me empuja a la pereza, a mi estado favorito de somnolencia. Esta empedernida estudiante noctámbula te dice que esta noche no es la predilecta para pernoctar.