Por: Gabriela García Ruiz
"Creo que nada es por gusto y todo tiene un inicio y un fin, lo infinito es soberbio"

domingo, 6 de junio de 2010

Respirar


Evangélica me he de llamar ahora que no se me ocurre otro nombre.
No se a quién he venido a buscar esta noche, tan tibia, tan poco usual
de noches frías de invierno como esta.

Si el mar pudiera darme una pista si quiera, es verdad que no podría deducirla.
La timidez del día me ha llevado consigo del brazo,
me ha tapado la boca y hasta mis pies ha querido quebrarlos.
Suerte la mía de tener tobillos que resisten
las más desencajadas caídas.
No me he roto el pie porque tengo suerte,
mi mente no ha dejado de respirar desde el momento que mis pulmones
quedaron inconscientes.

Caí de cuclillas y el eco de la brisa me ha traído hasta el malecón
a dar un paseo.

Ahora entiendo que ninguna invitación es en vano,
ahora recién respiro de nuevo el aire que hube perdido tanto tiempo.
Y es que a veces me cuesta aceptar que el tumulto de la ciudad,
es lo que me envejece.

Ciudad de la que me alimento día a día para tener un futuro
todavía incierto;

yo aún no se que va a ser de mí,
y prefiero no saberlo (más aún si no es el momento).
Así podré tener más tiempo para colgarme de los árboles por la noches
y salir de paseo cuando las nubes se ocultan.
El eco se acerca y las paredes solo vibran.

Vibran tanto como yo lo hago, bajo esta luna que me mira de soslayo
en lo más oscuro de este malecón.
Solo digo que si es ahora la hora en que debo quebrarme el pie entero,
eso ya no me preocupa, ahora tengo lo que quiero,
es ahora en que he vuelto a despertar de nuevo.
"El dolor no es es más dolor, y vivir así se vuelve cada vez más gratificante"

Aunque no se con quién he venido a encontrarme,
se que no debe de andar muy lejos.
Es más fácil tropezar con una chica que ya no camina,
y que sólo sabe de reír,
mientras se queda una vez más muda
hasta dormirse ante la inquietante presencia del mar.

Ahora que respiro, se que no necesito nada ni a nadie más.
Que puedo quedarme a solas susurrándole a la neblina,
que se posa justo en mi mejilla,
las veces que veo "ir y venir" las olas.
Pero déjame decirte una sola cosa,
y es tan solo decirte que no me incomodaría en lo absoluto
verte llegar;
"entiendo que tu también busques alguien
con quién tropezar."

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